PLAYAS ACCESIBLES | Playas

Dos personas toman el sol a la orilla de la playa sentados en sus amacas.
Dos personas toman el sol a la orilla de la playa sentados en sus hamacas.

Ya se acerca el verano y con ello los dias de calor, las playas suelen ser lugares frecuentes de puntos de encuentro para refrescarse y disfrutar.  Un disfrute de la naturaleza donde todo tenemos el derecho de disfrutar en igualdad de condiciones.

Y aunque aún queda mucho por hacer en materia de accesibilidad, hoy día disfrutar de la playa también es posible para personas con discapacidad. Las playas accesibles favorecen que personas con diversidad funcional puedan llegar hasta la orilla sin dificultad. Cuentan con espacios provistos de rampas, pasarelas, vestuarios y baños adaptados.

Las personas con discapacidad se encuentran a menudo con la barrera de un turismo o espacios de ocio no accesibles. Una escalera o la falta de rampas o baños no adaptados provocan que personas con diversidad funcional no puedan disfrutar con libertad de los espectáculos u oportunidades de ocio que se ofertan.

La figura de interprete de lengua de signos (LSE) es importante para la accesibilidad y seguridad en situaciones criticas (perdida de niños o mal estar de la persona sorda).

Por fortuna, cada día se piensa más en la construcción de espacios accesibles para todos. Poco a poco, se va mejorando esta área y se cuenta con quienes podrían tener necesidades especiales (mayores, personas con discapacidad o personas con limitaciones temporales por el motivo que sea).

De 3.200 playas con las que contamos en una península tan privilegiada por sus maravillosas costas, sólo 708 son utilizables por los discapacitados como los denomina la sociedad.

Acudir a la playa a darse un baño de sol puede convertirse en un verdadero calvario, y no digamos nada si lo pretendido por una persona con cierta minusvalía es darse un baño en el mar y disfrutar como cualquier ciudadano del vaivén de las olas, de lo gratificante que resulta un baño de agua de marina.

No resulta difícil para las instituciones públicas como privadas el contar con entidades como oportunidad accesible que dotan las playas de los recursos que pueden resultar necesarios para facultar la utilización de estas por personas con ciertos problemas de movilidad, la colocación de plazas de aparcamiento reservadas para los minusválidos no parece ser el problema, porque poco a poco todos los municipios cuentan con plazas restringidas (segun las normativas europeas) repartidas por sus calles.

Deben colocarse rampas con barras para dar acceso a los arenales, y en éstos, plazas que faculten el movimiento por ellas de las personas con movilidad limitada, cabinas para baños y vestuarios adaptados, y sombrillas, tumbonas…

Todo ello sólo para poder pasar un día de playa, pero si, como decíamos, se pretende extender el día a darse un baño, el problema se agrava y deberemos contar con la colaboración de los hombres y mujeres de la Cruz Roja, quienes ejercen gustosamente la función de ayuda para el baño.

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